Depósito estructurado, derivados, contratos por
diferencias, CoCos... Ya sólo con esta última denominación un pequeño ahorrador
debería huir de este tipo de inversiones. Son complejas y arriesgadas. No
"adecuadas" para particulares. Así lo entiende
la Comisión Nacional del Mercado de Valores en un circular que pretende
proteger aún más al inversor no profesional de inversiones en productos
financieros "sofisticados", cuyo gancho es la (potencial) rentabilidad. Igual de alta que las
pérdidas.
Son productos que "no
son fáciles de explicar ni por el propio banco, ni fáciles de comprender por
la persona que lo ha solicitado", señala Javier Flores, responsable del
Servicio de Estudios de Asinver (Asociación Europea de Inversores
Profesionales). Añade, además, que la entidad "no los puede ofrecer. El
cliente tiene que solicitarlo para que se lo comercialicen".
¿Y qué se entiende por "producto difícil de
entender", tal y como los califica la CNMV? Según el Responsable del
Proyecto de Educación Financiera EFPA-España, Francisco Marín, se refiere a
inversiones donde sea difícil saber lo que se va a recuperar y entender la
rentabilidad a conseguir. Igualmente, que la venta esté limitada, bien porque
no sea un mercado líquido, bien porque existan importantes penalizaciones en
caso de venta anticipada. Asimismo, son instrumentos que no invierten
directamente en el activo, sino en un subyacente, ya sea materia prima,
acciones, divisas, índices. Esto es, usted no tiene en su poder los citados
activos, pero su inversión está supeditada a la fluctuación de los mismos.
Estos son algunos de los productos de inversión no
recomendables para inversores novatos..., y no tan novatos.
CoCos
Es el nombre coloquial como se conocen a los Bonos
Contingentes Convertibles. Son las
"nuevas participaciones preferentes",
dicen los expertos. Emisiones de deuda de los bancos para captar capital, que
en un momento dado se pueden convertir en acciones, a un precio previamente
pactado. Vencen en un plazo determinado, aunque algunas
"pueden ser perpetuas". Y si el banco tiene necesidades de capital,
puede canjearlos de forma anticipada.
Riesgo doble. Mientras la inversión sea en
deuda, si el banco quiebra uno pasa a ser un acreedor más, sin derecho
preferente de cobro. Es decir, a la cola. Y cuando se canjean en acciones, la
ganancia depende de la cotización bursátil de ese momento.
Su rentabilidad varía en función de si es
deuda, que en este caso es un porcentaje fijo, o acciones, que depende de la
cotización. Por ejemplo; si en el contrato de compra se estableció un precio
por título de ocho euros y en el momento de conversión la cotización es de
seis, pierde. A la inversa, gana. De ahí que si el banco aplica la conversión
anticipadamente, es posible que la cotización prevista en el plazo de vencimiento
no se cumpla. Aunque ciertamente, la Bolsa nunca es predecible, y menos en
estos tiempos de turbulencias financieras.
Derivados
Se refiere a productos financieros cuyo valor se
basa en el precio de otro activo -subyacente, porque no lo tienes en el momento
de compra-. Ese subyacente pueden ser materias primas, acciones, divisas,
petróleo... Los vehículos de inversión son CDS -seguros contra impago utilizado
por personas jurídicas, no particulares-, CFD, opciones y futuro.
Su principal atractivo -y riesgo- es que se puede
utilizar el apalancamiento, lo que implica un efecto multiplicador de las
ganancias y las pérdidas. Éstas pueden ser
"mayores de lo desembolsado". Otra característica es que no es
necesario poner encima de la mesa todo el dinero.
Por ejemplo, si compra un contrato financiero por diferencias por
1.000 acciones de una compañía a 10 euros, sólo tendrá que poner el 5%, es
decir, 500 euros, pero el valor de su operación es de 10.000. Por tanto, puede
ganar y perder mucho con poco dinero. Son productos muy líquidos, se pueden
vender en cuanto se quiera, pero altamente volátiles. Si
eres un novato, lo más probable es que pierdas el dinero.
Un informe de la CNMV de finales de 2014 concluía que el 75% de los inversores
en CFD registró números rojos.
En el caso de futuros,
pacta la compra y venta del subyacente en una fecha y precio determinado. Lo
que puede ganar o perder es el resultado de tener en cuenta los intereses de la
financiación para adquirir el futuro, ya que como su nombre indica se está
aplazando el pago de la compra, y los dividendos, en caso de acciones.
Por su parte, en las opciones el
comprador paga una prima por tener derecho, que no obligación, a comprar o
vender un subyacente a un precio y fecha fijado. El vendedor tiene la
obligación de ejercitar la operación.
El riesgo en ambos es la capacidad de apalancamiento
y, por tanto, el efecto multiplicador de las ganancias y las pérdidas.
Depósitos estructurados
Es el
menos agresivo de todos. Un producto híbrido,
que invierte parte en renta fija y parte en variable, basado en el tradicional
depósito bancario, pero con una operativa incomprensible. Al menos, para el
pequeño ahorrador. La mayoría de las entidades que ofrece este producto
garantizan la recuperación del capital inicial, aunque puede encontrar con que
sólo aseguren el 80%.
Hasta ahí, casi igual al depósito tradicional. El
punto diferenciador está en la rentabilidad, que depende del comportamiento de
esa compleja estructura, con casuísticas al más puro estilo de las apuestas
combinadas de las casas de juego. Por
ejemplo, su estructura dice que las acciones de equis compañía han de subir,
las de otra han bajar y las de la tercera también han de rebotar. Si no ocurre
de este modo, usted no gana. Otra diferencia importante es la imposibilidad de
cancelar el depósito cuando uno quiera.
Deuda sin garantizar al 90%
Se trata de otros bonos, obligaciones, contratos no
negociados en mercados oficiales e, incluso, ciertos fondos de inversión donde
no esté garantizado la recuperación del 90% del capital inicial y cuya evolución
dependan de un subyacente.
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